domingo, 6 de octubre de 2013

Lo antiguo es también novedoso (parte I)

¿Quién se ha deleitado con admirar la arquitectura de una iglesia colonial o una casa antigua? ¿Qué vino no ha demostrado ser mejor cada vez que transcurren los años? Esos detalles donde el constante paso del tiempo es una característica que nos ayuda a discernir  sobre el presente. Descubrir en esos detalles del pasado que lo valioso no estaba en la prontitud ni lo inmediato, sino en la paciencia y la constancia de una labor metódica y completa.




Ahora en lo literario, también el pasado nos muestra obras resaltantes que en particular, lamentablemente muchos jóvenes y otros no tanto desdeñan por no pertenecer a su época, pero que representan un valioso legado muy difícil de ocultar. Sin embargo, como este blog se caracteriza por ser breve en su contenido -pues el propósito principal es que lea lo que promuevo, no lo que escribo- es algo complicado elegir algunos libros de dos siglos para atrás sin que la lista sea extensa. No tengo miedo a pecar si omito alguno pues aún me faltan por leer cientos que mis antepasados y los suyos habrán disfrutado antes, así que me limitaré a unos pocos.




Comenzaré por el más importantes de los clásicos en lengua castellana: los dos tomos de Don Quijote de La Mancha. Sé que esta novela se merece un artículo -o dos- en este blog, pero pienso que otros portales tienen más información que ofrecer y no quiero redundar sobre ello. Como experiencia personal, al principio me dio algo de temor en leer esta obra por todo lo que representa y lo poco preparado que me sentía ante su voluminoso tamaño (mi primer contacto: cuando era apenas un chamo); por lo que pasó -más bien, dejé transcurrir- el tiempo y me atreví a abrirlo ya a los 25. En los primeros capítulos me sorprendí: no pensé que esta obra fuese tan graciosa por las peripecias que Alonso Quijano podía pasar (otra novela también me hizo reír, La conjura de los necios, y su protagonista tiene también características similares a las de Don Quijote). A pesar de su castellano de hace 400 años y pico, esta novela es tan entretenida y extraordinaria como ninguna otra.



La siguiente no es una novela como tal, sino la combinación de cien relatos para generar una historia -o más bien, una mera excusa para enseñarnos a contar cuentos-. Se trata de El Decamerón, un libro donde la época medieval se hace actual y los detalles explícitos y bien presentados cuentan mucho para lo lejano y antiguo que realmente es. Diez jóvenes se dedican como una sana diversión en relatar una historia cada uno por diez días, con temáticas bien definidas para mantener la diversión de los cuentacuentos. En cada historia se muestran las situaciones más peculiares, insólitas, pícaras e incluso algo picantes; se puede afirmar que esta obra es similar a Las mil y una noches, eso sí, con muchas diferencias  que de verdad la hacen distinguible y fascinante. El lenguaje empleado es muy sencillo, con mayor presencia de la narración que el diálogo o la descripción, así como entretenido. El aspecto que más me gustó es que cada joven o doncella proponía el tema de los cuentos para el día siguiente, indicando que debían ceñirse a ello. Cien historias que no tienen desperdicio alguno.

Hasta aquí dejaré esta primera parte del artículo, primero porque se haría extenso y además porque debo ponerme al tanto con otras obras del "estante de los recuerdos". Espero puedan sugerirme alguna para enriquecer el próximo artículo.